
En halloween, cada vez más implantado en España, uno de los personajes más típicos son los gatos negros, además de brujas, fantasmas, zombies, etc. Así que ni corta ni perezosa le pregunté a mi hijo de 23 meses si quería que lo pintara. Me dijo que sí y le dije que se estuviera quieto y que después se llevaría una sorpresa al verse en el espejo. efectivamente: se estuvo muy quieto y al terminar lo cogí en brazos y nos miramos al espejo, a lo que siguieron muchas carcajadas y su carita de felicidad. Eso sí, me costó llevarlo a casa de los abuelos para que lo vieran.
Así es cómo quedó.

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